martes, 3 de enero de 2023

Sin Señas Particulares

El imperio de la incertidumbre

Es una virtud incuestionable del cine mexicano aquella de estar tan inherentemente atado al contexto sociopolítico de la nación, que termina siendo un reflejo consciente o inconsciente de las condiciones del mismo. Para bien o para mal, esto se traslada a toda clase de expresión cinematográfica nacional; ya sea desde la omnipotente comedia romántica comercial o la parsimonia contemplativa festivalera. La cosa es que, con esto sobre la mesa, transmitir la situación del país no es sinónimo de autentificación temática o emocional, ni un pase directo a la profundidad semántica. No es una clave difícil de descifrar, pero sí de balancear. Sin Señas Particulares es un gran ejemplo de cómo hacerlo.

Ópera prima de Fernanda Valadez, es difícil no querer iniciar por saltar a subrayar los años de experiencia que pareciera transmitir, como si de una cineasta con decena de cintas en su filmografía se tratase. Con un guión firmado por ella misma y la productora Astrid Rondero, ambas logran precisamente encontrar el balance entre la dramatización y la exposición al desvestir cualquier reflejo de veracidad y reconocerlo como tal. Esta es una historia de ficción que se admite como ficción, sin desconocer la realidad de la que proviene.

La claustrofóbica lente de Claudia Becerril se encarga de seguir la violentada lupa de una madre desolada. Magdalena, interpretada soberbiamente por Mercedes Hernández, está preocupada por la aparente desaparición de su hijo, Jesús (Juan Jesús Varela), quien había dejado su hogar con la esperanza de cruzar la frontera. Presumido muerto por las autoridades y ella abrazada a la idea de que no es así, a esto le sigue un descenso en espiral hacia el infierno dantesco de la crudeza desigual en un México convertido en tierra de nadie, donde el miedo y la incertidumbre raptan sin piedad cualquier deslumbro de lo que la vida tal vez fue. Una casa, una persona, una memoria. Ahora no queda nada más que el suelo donde se postra el siguiente paso entre las sombras.

Magdalena entonces, con una mirada tan decidida como temerosa, va retando una realidad que la supera con miedos hercúleos. Pese a todo, decide ir contra corriente y guardar sus temores en lugar de someterse ante ellos, rodeándose de madres esperanzadas como ella y extraños desconcertados por su convicción. Entre más desciende, más le advierten: no sabe dónde se está metiendo. Esto la lleva a encontrarse con Miguel (David Illescas), quien inversamente ha sido deportado de Estados Unidos y busca reencontrarse con su madre. Es poético entonces, que ambos decidan ayudarse en el camino.

La travesía entera se permite observar los entornos no tanto para conocerlos, sino para establecerlos. Alejados de la centralización tan presente en la industria, los paisajes que vemos no sirven de simples fondos, sino de recordatorios; esta no es una película sobre la violencia en el país, sino sobre las consecuencias de la misma, de su impacto. Aquí, las carreteras se vuelven los pasillos de las pesadillas, y las voces cuentan historias de terror.

Entrelazados por el destino, por no decir la causalidad de la crueldad, Magdalena y David se complementan momentáneamente con aquello que buscan, casi como un pequeño destello que nos permite respirar y recordar que no todo aquel que sea extraño es un peligro o una advertencia de éste. La alianza que aquí forman es casi un pacto no verbal donde ambos son la familia que alguna vez fueron con aquellos a quienes buscan. David es un espejismo y un anhelo de lo que Magdalena desea encontrar al final del camino y viceversa. Juntos cruzan el infierno como el reflejo de un México donde sólo nos queda tenernos los unos a los otros, si es que nos lo permitimos.

Lo que termina por desembocar en esta odisea es la crudeza del peor de los horrores, donde lo terrenal se envuelve entre lo etéreo y las carreteras no sólo son carreteras, ni los árboles sólo árboles; donde el diablo es real. Encontrada en las entrañas del último círculo del infierno, ultimadamente la película golpea con una visceralidad que destripa cualquier empeño por el bien, sin piedad alguna más que aquella que nuestra protagonista se permite soportar. Aquí no hay calidez, sino frialdad. Esto sólo nos pone a reflexionar, pues, ¿no fue eso lo que siempre estuvo permeando el camino? ¿Qué tanto se desciende cuando el pozo es sólo fondo?

La película pareciera tomar conciencia y pensar junto a su audiencia. Ese es el atributo que le permite aprovechar la condición de su contexto. A lo largo de sus 95 minutos de duración, las imágenes en pantalla son una colección de sensaciones y retratos que apelan a lo reconocible y lo retuercen en ficción. Lo que podría parecer un documental, se convierte en simbolismos y reflejos abstractos, celestiales e infernales de la propia realidad.

Cuando los créditos terminan, el sentimiento es abrumador. Es una sensación de incertidumbre la que predomina, incertidumbre interminable. Para algunos en la audiencia esta será solamente una historia, para otros un espejo y para todos un recuerdo: la experiencia mexicana se ha vuelto una de supervivencia, donde al culpable se le evita y el mayor logro es imaginar lo que pudo haber sido; vivir para contar el dolor que se logró evitar. Y es que, si no se evita, ¿qué dolor es mejor, el de la ignorancia o el de la sapiencia?

Sin Señas Particulares es sobre el imperio de la incertidumbre, donde la violencia no se ve y los demonios son tangibles. A la cámara no le importa enfocar el impacto de las balas ni los cuerpos cercenados, sino lo que yace tras de ellos; la incómoda verdad que refleja su existencia. Esta es una historia de fantasmas donde los vivos son los muertos.

Joker: La Tempestad de la Sombra Social

 

Desglozando el discurso de la polémica desde la raíz

Desde su introducción en Batman #1 (1940), el villano que da nombre a la más reciente producción de Todd Phillips ha pasado por una variedad de cambios que han logrado enriquecer su concepto, convirtiéndose en uno de los villanos más famosos en la historia de los cómics y el cine, donde se ha visto interpretado por una variedad de talentosos actores, cada uno diferenciando su enfoque y resaltando por su cuenta. En el siguiente análisis se buscará profundizar en la razón psicológica de su más reciente y reveladora encarnación: el Arthur Fleck de Joaquin Phoenix en Joker.

Desde el inicio de la cinta se nos muestra la desoladora condición de Arthur: abatido por la vida, es rechazado por el mundo que habita y a partir del momento en que lo conocemos la espiral sólo va en picada, revelando gradualmente su naturaleza oculta. La psicología analítica de Carl Jung puede observarse en el personaje de Arthur Fleck; el arquetipo de la sombra o, dicho de otra forma, el lado oscuro del ser y el hábitat de lo primitivo dentro de la psique.

Para Jung, la sombra entre más se reprime más peligrosa y destructiva se vuelve, y aquí la película no busca escatimar. La ruptura emocional de Arthur se va dando gradualmente desde la primera escena y los constantes eventos que el personaje va procesando nos demuestran la realidad que se veía oculta en la fachada de su carácter. Cabe destacar aquí la secuencia detonante: después de ser despedido de su trabajo, Arthur -con maquillaje de payaso aún puesto- es afrontado y apaleado por tres sujetos en el metro. Él les dispara y los mata.

Observando de cerca la construcción visual en la narrativa, no tenemos a un personaje que titubee y dude en apretar el gatillo, de hecho, cuando por primera vez lo hace ni siquiera lo vemos pues la cámara nos muestra a quien recibe la bala y no a quien la dispara. Arthur fríamente mata a los tres sujetos y huye de la estación, corre y se esconde en un baño para entonces bailar. No hay remordimiento, sólo celebración.

Ahora, la sombra puede domarse de acuerdo a Jung, quien en su postulado indica que debemos ser lo suficientemente autoconscientes para reconocer nuestros propios pensamientos e impulsos negativos para mantener un equilibrio psicológico. Al volverlos parte activa de nuestra propia existencia, podemos vivir en plenitud, pero lo que hace Arthur, consecuencia de quebrarse y redescubrirse, es precisamente perder ese balance entre los espectros de su psique, y se ve ensombrecido por la versión más oscura de su persona, sólo que él deja de percibirse así.

¿Es alguien diferente a quién era? No, pero su sombra ha salido a flote. Sus impulsos negativos se levantan y empiezan a tomar un papel activo en su persona. Arthur reconocía cierta conciencia en su pensar; sabía que sus pensamientos eran sólo negativos pero llegada la ruptura deja de aceptarlos como tal y los encuentra ideales. También se encontraba reprimiendo memorias de un fracturado pasado que ahora redescubre. Se termina por ver a sí mismo como el héroe y la víctima de la historia, escapando hacia una victimización donde a través de la autoindulgencia justifica sus acciones. Esto queda establecido cuando aparece en el programa de Murray Franklin.

En esta secuencia es donde vemos tal vez la versión más abierta de Arthur, quien abandona la ambigüedad y explica parcialmente sus motivos. Iniciando por declararse apolítico, intenta justificar la muerte de sus atacantes y pasa a atacar el sistema social en el que se encuentra. Habla sobre la pérdida de la empatía, el alza de la indiferencia y la opresión de los menos afortunados. Su personaje se consolida como el agente de cambio anárquico en el que se había estado transformando mientras que Murray lo contrarresta junto a los abucheos de la audiencia. Es un duelo verbal entre la fuerza de cambio y el sistema establecido que se ve terminado cuando Arthur mata a Murray. ¿Pero qué cambio significa Arthur?

Pese a no buscar ser él la incitación de un movimiento político, ciertamente termina siéndolo. Después del incidente con los tres hombres, su maquillaje de payaso dio paso a un festín de revueltas contra las altas esferas sociales. Necesario rescatar aquí que los tres eran empleados de Thomas Wayne, autoproclamado como la única esperanza de la ciudad, pese a llamar a las clases bajas “payasos” (esto porque en sus palabras eran celosos que no pudieron hacer algo de sus vidas, a diferencia suya) y mostrar un claro distanciamiento de todo aquello lejano a su burbuja.

Para cuando Arthur mata a Murray la ciudad ya es un festín de revueltas. Con la ciudad literalmente en llamas, Wayne y su esposa son asesinados por un anarquista con máscara de payaso. La liberación del verdadero Arthur dio paso al caos de la merced de la sombra colectiva de la sociedad en protesta. Retomando a Jung, la sombra muestra los impulsos primitivos que más se han ocultado, pero estos no necesariamente son la fuente de todo mal, también lo pueden ser del bien. Aplicándolo al caso en turno, los ciudadanos en protesta son la sombra de la élite y su omisión es lo que los ha desatado. La tempestad que Arthur conlleva como símbolo de los oprimidos es inherentemente el devenir de la conciencia sociopolítica de la civilización representada en pantalla.

¿Cuál es el papel del bien y el mal aquí? Podríamos decir que la causa es buena, llevar atención a las clases bajas y ayudarlas, en lugar de pasarlas de largo y cerrar fuentes de auxilio como los centros de apoyo del gobierno, pero también sabemos que no es ideal incendiar las calles y matar con desdén. Nosotros como audiencia ya vamos con preceptos determinados sobre lo que está bien y lo que está mal, y aunque el propio Arthur cuestione el fundamento moral de eso, no se trata de modificar nuestra visión para aceptar la suya y ser como él, sino de traer a la mesa en el mundo real todo el esquema completo de nuestra sombra individual y social.

Empapada por la polémica desde antes de su estreno, Joker se admite con cautela como una cinta autoconsciente. Su interpretación del sistema social actual es la de uno antiguo que denigra y rechaza las deficiencias de una civilización inundada por el caos, retratando un estancamiento y retroceso moral. La cinta a través de la condena de las acciones representadas nos advierte de ellas y es un espejo metafórico de nuestra sociedad. Todo lo que nos enseña no es para cortejarnos, sino para cuestionarnos. No debemos pretender entender a Arthur como un líder mesiánico de la revuelta anarquista, sino como un ente espejismo de los peores males que nos aquejan. Él es la sombra cuya existencia debemos reconocer y domar antes de que nos someta, porque si no, entonces estamos perdidos.

Conferencia: Frank Miller y Brian Azzarello conquistan La Mole Comic Con

Los creadores de cómics visitaron la capital de la República Mexicana para convivir con sus seguidores y compartir sus experiencias en el medio.

18 de marzo de 2018. Ciudad de México.

Durante el festejo de la convención anual de cómics La Mole Comic Con Internacional, los seguidores de la cultura pop pudieron disfrutar de una gran variedad de actividades, muchas de ellas incluyendo invitados especiales, tal como la conferencia que los autores Frank Miller y Brian Azzarello impartieron ante más un auditorio lleno en la tarde del domingo 18 de marzo. Conocidos por sus en la compañía DC Comics y portando máscaras de luchadores mexicanos.

A pesar de ser asociado principalmente con el llamado “caballero de la noche”, Batman, Miller declaró que su primer acercamiento a los cómics fue con otros personajes: “los primeros cómics de los que me enamoré tenían a Superboy y Supergirl”. Sobre la diferencia entre trabajar con superhéroes y títulos propios, responde que cuando se usan estos personajes “tienes que encontrar una forma de acercarte a ellos, de tratarlos diferente para tratar de contar una historia”.

Azzarello por su parte comentó que no fue fanático de la idea de trabajar en Superman junto al aclamado dibujante -y ahora editor- Jim Lee en el arco argumental “The Man of Tomorrow”, pues “No quería trabajar en Superman. Yo no era la persona correcta para escribir ese cómic. Eso fue lo importante, cometer un error y corregirlo o solo continuar, pero esto hace interesante esta circunstancia.”

Miller no tardó en bromear y decir que su colaboración con Azzarello en “DKIII: The Master Race” fue terrible, para luego sincerarse al mencionar que en realidad fue maravilloso, pues, en sus palabras, “tuve la oportunidad de discutir sobre los personajes, discutimos de los personajes”. Sobre la diferencia entre publicar el cómic ahorita contra su primera parte en 1986, menciona que principalmente el cambio radica en los publicistas y no la audiencia.

Recordado por historias como “Year One” y “The Dark Knight Returns”, Frank Miller es un ícono en cuanto a Batman se refiere, por lo que fue cuestionado sobre sus inicios como creador con el personaje, a lo que respondió que sólo quería divertirse con él: “Primero le quite el círculo amarillo en el traje de Batman. Y después tomé un Batman clásico como inspiración que sonreía por razones diferentes a las comunes”.

Sobre la evolución del cómic y su posición frente a la sociedad contemporánea, así como los retos que afronta en la misma, Azzarello declara que “La industria tiene que mantener el paso para poder atrapar a la audiencia a la que se están dirigiendo en este momento… La industrial se está arriesgando más”. Miller expresa que le agrada ver que Estados Unidos finalmente se ha unido al resto del mundo entendiendo que “los comics son para todo el mundo, no sólo para niños”.

Por último, ambos concordaron en que es mejor el formato físico para disfrutar las historias y que “no trabajaron tanto en las historias y el arte para que se lea en la pantalla de un teléfono”. La conferencia terminó entre aplausos y una selfie tomada por los aclamados autores de cómics, que también se tomaron fotos y dieron autógrafos a sus fans durante el fin de semana. Expresaron su deseo de volver pronto a la capital mexicana.

La Mole Comic Con Internacional se realizó en el World Trade Center de la Ciudad de México los días 16, 17 y 18 de marzo de 2017.

Sin Señas Particulares

El imperio de la incertidumbre Es una virtud incuestionable del cine mexicano aquella de estar tan inherentemente atado al contexto sociopol...